¡Cumbias con agüiiiiiita! Reseña de entrevista a Willy Carraset del Grupo Albacora de Coquimbo

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Pese a la enorme visibilidad que en estos días tiene la cumbia en los medios masivos, tanto por la gran cantidad de agrupaciones que se mantienen vigentes y las que siguen naciendo, como por las contingencias que enlutan al ritmo de la alegría -como el reciente fallecimiento de Don Emiliano Hernán Gallardo Pavéz -, lo cierto es que aquello que vemos en los medios no es más que la punta del iceberg.

Fuera de los grandes centros urbanos y de las publicitadas luces, la cumbia teje rutas festivas alternas, populares y dispersas, que sólo podemos reconstruir acercándonos a sus cultores y públicos locales. Es así como llegamos hace algunos años al grupo Albacora de Coquimbo.

En nuestro recorrido cumbianchero por el norte chico del país, subimos los cerros de Coquimbo para llegar a la casa de Willy Carraset – más conocido como “Agüita” –, director, compositor y tecladista de la agrupación. Además de recibirnos con mucha generosidad y bien acompañado de su familia, nos contó buena parte de la historia de Albacora, la cual les compartimos en esta nota.

Willy "Agüita" Carraset en su casa, Coquimbo 2010.

Willy “Agüita” Carraset en su casa, Coquimbo 2010.

Fundada en 1987, la agrupación nace cultivando el estilo cumbianchero coquimbano – característico por su guitarra eléctrica con delay – pero aderezado con el teclado de “Agüita”, que llena a esta cumbia de sabor y sonoridades celestiales, una identidad musical que les ha permitido alcanzar la considerable suma de 17 discos en el mercado nacional e internacional, 3 discos de platino y 7 discos de oro, en 23 años de carrera artística.

Albacora: pescado frito bailable

En sus años mozos, Willy Carraset tocó en grupos de rock y también de folclor, curtiendo tanto su versatilidad musical como su carisma en la escena musical local. Tempranamente, conoció a varios músicos de distintos estilos y lugares, pues además, durante gran parte de los años que duró la dictadura militar estuvo viviendo en Argentina. Cercana a la música popular latinoamericana, llegó incluso a tocar con “la Negra”, Mercedes Sosa, pero su corazón siguió ligado a la música tropical bailable:

“…con la Mercedes Sosa no compartí escenario pero toqué con ella en una casa. Ella era prima de un arquitecto amigo que era el profe nuestro de diseño. Una experiencia bonita, pero el tropical es lo que me gusta… El tropical, la sangre me mueve. Me conmueve total, no sé…es como darle un beso a un hijo que no ves hace tiempo y abrazarlo y tenerlo, a tu mujer, qué se yo. Siento que eso te mueve el cuerpo. Bueno, la música en general, pero yo, el tropical eso es lo que me llena.”

Cuando Willy “Agüita” regresa a Chile, luego de haber vivido varios años allende Los Andes, tenía la intención de dedicarse al dibujo técnico, trabajar y mantener a su familia, para lo que había tomado la dura decisión de desvincularse de la música. Sin embargo, Coquimbo le esperaba con una sorpresa:

“… no fue mi idea venir a formar un grupo, quería venir a quedarme y estabilizarme, seguir en lo mío lo que es el dibujo técnico, y cuando llegué, después de 16, 17 años la gente se acordaba y me conocían, así que el primer día que llegué me fueron a buscar Los Vikings, no tenían pianista y vamos a tocar y salimos a tocar y yo feliz. Vamos a ir al sur y vamos a…. en esos tiempos eran tiempos buenos, a Salvador, e hicimos esa gira, me pagaron. Yo traía mi plata del extranjero y quería estabilizarme, tratar de ver mis cositas y me picó el bichito otra vez pues, yo dije yo sirvo para esto, el talento, si es lo mejor que sé hacer, por qué no volver a hacerlo. Y empecé a pensar que ya tenía 33 años, y ahí empecé y formamos Albacora con Juan Carlos.”

Albacora toca por primera vez en La Pampilla de Coquimbo para el Dieciocho, haciendo eco del vínculo indisoluble (y muchas veces criticado) entre las conmemoraciones patrias y la cumbia chilena:

“El 18 de septiembre fue como la primera vez que tocamos en la carpa grande, 6.000 personas y para que no se pusieran nerviosos los llevé a ver el escenario el día anterior con una cervecita y ya lo conocían.”

Comenzaron tocando en poblaciones, cerros y localidades alejadas de los centros urbanos, llevando su peculiar versión del ritmo de la alegría a sectores fundamentalmente populares. Así, pese a lo desconocidos que fueron en sus comienzos (cuando pocos sabían que además del tradicional pez del puerto de Coquimbo, era también un grupo de cumbia), Albacora fue alcanzando arraigo, tejiendo su propia ruta hacia el reconocimiento del público; lejos de los grandes medios masivos, espacios tales como Tirso de Molina en Santiago, siguen ofertando sus producciones discográficas como plato fuerte de los sonidos festivos populares.

“… yo estoy contento con Chile y con los chilenos. Me gusta cuando nosotros íbamos a los barrios, a los pueblos alejados y la gente nos recibía. ¿Te acordai’ cuando llegamos y estaba la gente esperando con platos y quería albacora?”

Pero ¿cuál es la particularidad de Albacora? ¿Qué es lo que le gusta al público que corea infatigablemente sus canciones?:

“Te voy a decir una cosa que no se lo he dicho a nadie, lo que me gusta de mi grupo es que tocamos tan bonito y tan sencillo… Hay un contenido, no hay apaleo, no hay fuerza, si no que hay un convencimiento para una persona que existe un sonido tropical, tú bailas y sientes el compás, y a mí me gusta, de repente me pongo a escuchar…”

La sencillez en sus arreglos e interpretaciones, es uno de los motivos con que “Agüita” nos fue explicando la vigencia de Albacora durante los últimos 23 años, un proceso largo, de trabajo, búsqueda y ensayos, pero también de circunstancias que han ayudado y marcado de alguna manera el camino.

No somos buenos, pero tocamos bonito

Willy “Agüita” Carraset defiende “el tropical”, especialmente el hecho en Chile. Sabiendo que esta música bailable proviene de otras latitudes, plantea que su arraigo popular y festivo en nuestro país ha constituido una especie de trópico chilensis que inspira y acoge a los músicos que, como él, han adaptado estilos, instrumentaciones y sonidos para hacer una cumbia chilena.

“Mira, el tropical siempre me gustó originario chileno, porque todo esto tú sabes que está inspirado en Centroamérica y todos estos países tropicales sobre todo Colombia, Venezuela que gustan tanto, Puerto Rico, pero en el tiempo en que salimos nosotros era muy difícil conseguir lo que yo quería, un trombón, una trompeta y un saxo, y los que habían tenían más años que nosotros y pa’ viejo estaba yo po’, así que no iba a tener tiraje y si lo llevábamos teníamos que llevarlos y arropaditos, ellos ya no existen, te estoy hablando de hace 23 años atrás.”

Lo bonito del tropical bailable es que precisamente invita a mover nuestros cuerpos – un poco tiesos y descoordinados – pero que alegremente se sacuden al ritmo de la canción preferida, sacudiendo así el polvo de las articulaciones, las penas y los dolores.

“Nosotros por ejemplo somos terapistas, nosotros somos mejor que un médico, la gente sale a bailar y la pasai’ la raja toda la noche y llegai’ contento a la casa y al otro día andai’ pensando qué la pasé lindo y vamos a volver a ir. Es una terapia, no es un médico, es una medicina, es algo natural. La cumbia tiene que ser porque… me encanta cuando la mujer se mueve, su cintura y mueve los hombros y la sonrisa no se le va nunca, y ahí le pego más fuerte al piano yo y todos alegres porque esa mujer que está bailando ahí no tiene nada que ver con lo exterior, está ahí y se acabó el este y se va contenta.”

Es que la cumbia es un encuentro desde la expresión del cuerpo. Aunque sea en la versión tiesa pero cumbianchera a la chilena, o entonando las canciones preferidas a voz en cuello, siguiendo las evocaciones o provocaciones cumbieras desde el escenario.

“Cuando tocai’ yo le miro los labios a las mujeres y a los hombres y están cantando la misma canción que nosotros. Hay un detalle que no has visto y es que la gente está bailando y está cantando y está coreando el tema y quiere decir que te conocen, quiere decir que vino porque le gustabas.”

Cada fin de semana, Los Pilares de Margaret, el Club Vikingo o cualquier otro local cumbianchero de la región de Coquimbo llena sus pistas de baile al calor de las cumbias con agüita, que suenan hasta que las velas no arden. Willy es consciente de ese gusto popular, y lo asume con humildad y agradecimiento:

“… tocamos bonito, no somos buenos, no somos excelentes músicos, pero tocamos bonito, lo preciso y lo justo y me encanta porque llevo la cumbia y como cuando tocamos nosotros y le damos sonidos que le damos nosotros como que van caminando por las nubes, yo cierro los ojos un ratito y despertai’ cuando llega alguien al lado y te dice ‘Hola compadre’ y ya despertai’ pero nosotros queríamos ser populares pero no tanto, de repente llega a molestar, de repente uno quiere una vida tranquila. Vai’ a comerte un completo y entrai’ y ‘Hola! Y eeehh!’, tú en todos los wurlitzer del centro está el grupo Albacora, en todo Chile.”

Grupo Albacora en Los Pilares de Margaret, Coquimbo 2011.

Grupo Albacora en Los Pilares de Margaret, Coquimbo 2011.

Para bailar la cumbia no hay como la coquimbana.

Si bien Coquimbo tiene una tradición de una cumbia electrificada (con exponentes como Los Vikings 5), es algo también que responde a ciertas circunstancias económicas, a las posibilidades de acceso de ciertos instrumentos y de otros no, a las influencias musicales de Perú y del norte de Argentina, donde la dupla guitarra eléctrica y teclados ocupa el sitial de los bronces. Siguiendo este camino, Willy “Agüita” decide comprarse un teclado para comenzar sus incursiones cumbiancheras:

“Yo opté por comprar piano y uno le pegaba al piano abajo y en otro se hacían las trompetas y los trombones, venía Juan Carlos en las timbaletas, venía una guitarra que hacía lo que hacen las trompetas, hacía la primera y yo lo apoyaba, y el bajo, y el cantante tenía que estar adelante con sus tumbadoras bien elegante.”

Con esta instrumentación, Albacora comienza a tomar forma, a hacer una propuesta sonora y a hacer que todo Coquimbo moviera las patitas al ritmo de esta cumbia, sencilla, pegajosa y de una dulzura celestial:

“Lo primero que teníamos que hacer era darle una dulzura a la guitarra. La que da la melodía es la guitarra, tienes que darle una dulzura, tiene que concordar la dulzura con el compás, con el ritmo. El piano, que hacía los violines tenía que entrar en esa dulzura. Después hicimos el peso con las timbaletas y el bombo, y faltaba lo máximo que era una voz, que para estar en el grupo tenía que hacer melodías bonitas, convincentes, y la voz tiene que ser celestial, alguien que te llame.”

Pero no sólo la particularidad de la cumbia coquimbana reside en su instrumentación, sino que también en sus características rítmicas, en palabras de Agüita:

“La cumbia norteña es picaíta, es caliente. Caliente en el hecho que te hace vibrar, cuando un grupo salta al escenario y tiene 2000, 3000 personas conoces al tiro cuando tu grupo está pegando y tú haces tururúm y la gente sale toda como hormigas a la miel.”

Reflejo de estas características resulta su sabrosón mix de las canciones “Cuando un amor se va” y “Loquito por ti”, con las que nos despedimos para que sigan bailando estas cumbias con agüiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiita:

Esta reseña fue escrita en base a la entrevista que hicimos a Willi Carraset el día 29 de agosto de 2010.