Aproximación al sound

Share Button

Foto: Amerikan Sound: Gentileza de blog superdestructor_manuelencina, en: el rincón del sound.

Al hablar de Sound, la imagen que se nos presenta es la de vestimentas coloridas, suaves y brillantes, o la patada al aire de las coreografías, también las voces juveniles y agudas que le cantaban al amor y “a la cervecita”, que los cultores  de este ritmo nos presentaron a comienzos de los ’90. Si escarbamos en la memoria televisiva, recordamos también la mano sobre el teclado que da inicio a “Haciendo el amor”, las manos alzadas “De aquí pa’lla”, o la canción “Temporera” que la teleserie Aquelarre del  canal nacional emitió en 1998.

 Todas estas imágenes nos remontan a otra cumbia, la cumbia sound, que proveniente del norte de Chile vino a dar un nuevo impulso a la alicaída producción tropical nacional,  mucho antes del reconocimiento y el revival de la Nueva Cumbia, sin embargo, y aunque en el imaginario intelectual se encuentre en el podio de lo kitsh, su valor musical y su relevancia social se encuentran relegados del escenario identitario de lo “chileno” y en su análisis se manifiesten las paradojas de la idiosincrasia nacional. Joe Vasconcellos[1] expresa esa contradicción de la siguiente manera:

“Por un lado es el arribismo del más humilde, que vota en (sic) Piñera para ver si se le pega algo…  por otro lado está el compadre que… fíjate, por ejemplo, en los colegios cuicos, hay como una suerte de humor de los cabros de hablar como   longi Yo creo que somos nosotros los chilenos encontrándonos con nuestros  fantasmas, y encontrándonos con ese clasismo terrible que tenemos, y que se generan en estas situaciones locas, que tu vai` a un sector cuico, con poder adquisitivo, en donde la gente está bailando Amerikan Sound, o están bailando   Américo, y vai` a otros sectores en donde,   no po`, están bailando Daddy Yankee,   quieren ser gringos, ellos viven en  Detroit, ¿cachai?… Me resulta muy difícil decirte “no la cumbia es de un sector bajo”, no, probablemente la fuente de la cumbia venga de sectores más humildes, pero el gran consumidor de cumbia fíjate que no es de sector humilde, yo te diría que son los que pueden pagar una orquesta de cumbia…”

Los escasos análisis que se han hecho al respecto[2] tienden a asociarlo a la industria musical y a un fenómeno de mercado contextualizado en la apertura económica globalizada, en la  “transición” política chilena a la democracia y en un renacer social después de veinte años de “apagón cultural”. La escena musical nacional se encontraba carente de referentes festivos o estos cargaban con colores políticos que en esos momentos, era preferible no manifestar para no afectar la fragilidad de la coyuntura, entonces ¿no aparece la música sound como un constructo mercantil tan desechable como la lambada, el axé y otros ritmos brasileños que se tomaron la pantalla chica desbordando sensualidad que, como tiesos pero cumbiancheros, sólo podíamos observar y cantar?

Profundizar en este pedregoso terreno de intentar develar la relevancia del sound resulta muy complejo, ya que parece que fuera el estallido de fines de una década y la trampa del fenómeno de corta duración, del boom mercantil, de lo inmediato, dificultan la tarea de superar las barreras de estratificación que la industria propone en su esplendor: la televisión, la radio, los sellos discográficos, los teatros y locales de moda  y la prensa hablan del Sound.

Por otro lado, el público lo consume y se lo apropia a nivel nacional, traspasando la frontera de lo nortino, por lo que el análisis a partir de su lugar de origen y/o como objeto de consumo, ya no son suficientes, puesto que a partir de ese momento, se produce un arraigo en la base social popular chilena donde permanecerá hasta la actualidad (2012) a pesar de los nuevos y desechables productos mercantiles que la industria musical propone.

Después del “apagón cultural” de cerca de dos décadas, los ’90 manifiestan una apertura de las manifestaciones y expresiones de todos los sectores sociales, al mismo tiempo que los medios de comunicación comienzan a reformular y reorientar sus líneas editoriales en busca de un espacio en la sociedad de consumo. En la televisión chilena aumenta el número de canales y aparecen espacios juveniles donde la música, el baile y la sensualidad son el boom. Entre ellos, está Red televisión, donde emerge la figura de “Omarcito”[4] con el programa todo Chile baila en el que el plato fuerte es la presencia de grupos en vivo y la muestra de vídeos de grupos musicales chilenos sound y argentinos de bailanta (Ráfaga, Garras de Amor, Amar Azul, entre otros) que en este lado de la cordillera, son adoptados con gran éxito, no sólo por su cadencioso ritmo cumbianchero, si no que además, por el alto valor que se le otorga a la belleza argentina y su performance.

Foto: Omar Gárate: Gentileza de CIPER (Centro de Investigación Periodística): www.ciper.cl

La excepción fue Adrián[6] y Los Dados Negros a quien se le asignó un tipo de valoración y cariño distintos, justamente por encarnar los antivalores estéticos  expuestos y  que, ya en 1986,  grabó el éxito “Tarjetita de invitación” y la trajo a Chile, primero golpeando las puertas de radios y tocando en cuanto festival se le presentara, hasta que  en el ’92 se presentó en el aniversario de la ciudad de Calama, donde el público lo ovacionó y acogió como referente obligado de la fiesta y celebración chilena.

Las agrupaciones sound, con una gran influencia estética de los grupos argentinos, comienzan a imitar algunos de susaspectos -como la instrumentación, el baile y, especialmente, el largo de las cabelleras. Sin embargo, susonido remonta a otros mucho más cercanos a la propuesta de bailanta de Adrián, quien en una entrevista publicada por el Diario El Clarín el 2004 manifestó: “Llegué en el momento justo con mi música tropical andina. Es mi creación. Ahora hay miles de intérpretes atrás mío, tocando mi música. En Chile todo era caño con las sonoras colombianas. Lo mío fue distinto y pegó.”

El extremo norte de Chile- cantera del sound-  al ser la frontera que limita con Perú, Bolivia y Argentina, involucra dentro de si una constante y dinámica permeabilidad cultural mueble e inmueble, entre ellas, la música, que, por un lado, va evidenciando las diferencias nacionales que se establecen a partir del siglo XIX y por otro, la continuidad de lo “andino” que ha trascendido a la occidentalización y, por supuesto, las contradicciones que ambos procesos involucran.

 

Caravana de llamas. Foto y montaje: Tiesos pero cumbiancheros

Es en este espacio geográfico particular donde el intercambio cultural se tradujo también en un intercambio comercial, lo que permitió a la población y, especialmente, a los jóvenes acceder a instrumentos musicales de menor valor, reducir el número de integrantes de las agrupaciones y tener la posibilidad de “cambiar sus suertes” a través de la música. La ZOFRI en Iquique permitió a la población joven de Alto Hospicio, Pozo Almonte, Huara, Tarapacá, y otras, acceder a sintetizadores, teclados (especialmente el Roland D50),  baterías electrónicas y  guitarras eléctricas que en otras zonas del país resultan mucho más difíciles de conseguir. Y es ahí donde surgen las agrupaciones sound: Capítulo Quinto y Fantasía por mencionar a las pioneras o Amerikan Sound, como una de las agrupaciones que tiene más seguidores, sólo por mencionar íconos del movimiento, ya que es tal el florecimiento de los conjuntos, que llega a ser muy complejo poder diferenciarlas, a tal punto, que cada una comienza a imponer su sello  a través del grito del nombre del grupo en cada una de sus canciones.

La industria musical, a través de los sellos discográficos vieron en este florecimiento urbano cumbianchero nortino, la posibilidad de un sostenido y auspicioso crecimiento económico, por lo que se crearon sellos discográficosespecializados (Eva Music, Calipso Record’s, entre otros) e incluso,   con un énfasis en la producción regional (Producciones Carrero, Claridad Producciones, entre otros), al mismo tiempo que se multiplicaban las radioemisoras dedicadas a la música tropical. Sólo en Santiago aparece Radio Nina, Radio Corazón, Radio Amistad y Radio Píntame, dentro del circuito de la ARCHI.

Teatros y estadios llenos a lo largo de Chile, invitados a las celebraciones de las fiestas regionales y comunales, portadas y entrevistas, discos de oro y de platino, los más pedidos en las radios tropicales, sólo les faltaba la consolidación en el escenario internacional chileno por excelencia: el Festival de la Canción de Viña del Mar.

En los años cúlmines del Sound, las distintas agrupaciones sostienen haber mantenido conversaciones con los organizadores del Festival, pero no llegaron a buenpuerto. Según la autobiografía de Amerikan Sound a través de la página web oficial del conjunto, durante 1997 y 1998 “debieron” llevarlos, pero los organizadores “tuvieron miedo por tratarse de un grupo muy popular y masivo”[8]. Sin embargo, en el 2000 fueron contratados por TVN para tocar en la fiesta de año nuevo en la Alameda.

El Grupo Alegría manifestó que en 1999 creyeron que irían a la Quinta “pero los organizadores del Festival optaron por los grupos tropicales argentinos” aunque ellos, con 4 años de trayectoriacontaran con siete discos de oro y cuatro de platino en su currículum[9]. Del mismo modo le ocurrió al grupo Hechizo, quienes han sostenido que han tenido conversaciones con los organizadores del evento y han realizado campañas de apoyo a través de la red (tanto propias como de sus seguidores), pero que tampoco se han concretado.

Foto Grupo Alegría. Gentiza: www.movidatropical.cl

Si el Festival de Viña es el escenario donde se consolidan los artistas populares  nacionales, al mismo tiempo que es la vitrina internacional ¿Cómo nos explicamos la exclusión de los grupos sound del Festival de Viña? Debemos considerar, además, que la organización invierte importantes recursos humanos y económicos en contar con las agrupaciones de moda y que garantizan repercusión mediática (pensemos en Chico Trujillo y los esfuerzos, aunque infructuosos, que se han realizado los últimos tres años).

¿Qué es lo que se busca ocluir de nuestra cumbianchera identidad nacional? ¿Representa el sound, acaso, parte de la historia que necesitamos esconder, que nos cuesta reconocer? ¿Necesitamos marginar del constructo civilizado blanqueado nuestras raíces populares indígenas? Adrián esbozo una respuesta:

 

“Pero ¿no llegaste a Viña del Mar?

Viña no está hecho para mí.”[10]

 

 


[1] Entrevista realizada por el CITCH el 26 de Mayo de 2010

[2] La excepción la representa el estudio realizado por Bernardo Guerrero titulada “Identidad socio musical de los jóvenes aymaras: la música sound” en www.scielo.cl

[3] Para ver más de la investigación sobre este tema, ver: http://www.tiesosperocumbiancheros.cl/?p=81

[4] Omar Gárate, conductor de televisión y radio, quien además, se hizo conocido en Chile por importar y comercializar la pulsera de los “11 poderes” con alta demanda en los sectores populares, ya que prometía la cura de todos los males de una sociedad peligrosamente enferma.

[5] Con su estética rockera, inspirada en la Edad Media y donde predomina el pelo largo, los cuerpos trabajados, destapes y “cancherismo”.

[6] Adrián César Chauque, nacido en Tarija, Bolivia, pero que a partir de los dos años de vida se trasladó a vivir a Jujuy, Argentina, hasta que, a partir de su éxito en Chile se radicó definitivamente acá.

[7] Entrevista del Diario El Clarín de Argentina: http://edant.clarin.com/diario/2004/02/16/c-00401.htm

[8] www.amerikansound.ya.st/ visitada en Diciembre de 2010, actualmente fuera de servicio.

[9] Autobiografía en el sitio web www.grupoalegria.cl/biografia.php , visitado en Diciembre de 2010, actualmente sin servicio.

[10] Entrevista del Diario El Clarín de Argentina: http://edant.clarin.com/diario/2004/02/16/c-00401.htm