Tras la huella de Luisín

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Luisín

Aterrizamos en tierra Caribe, abigarrada por diversas fuerzas en pugna entre las muchas guerras económica, mediática, ética, social y política que libra la Venezuela revolucionaria, haciendo Matria al norte del sur del continente americano. Como en el arranque de nuestro libraco cumbianchero, vimos una y otra vez actualizada la pregunta de la Guerra Fría entre capitalismo o comunismo, o más bien, entre soberanía e imperialismo, entre Estado Social y el más descarnado neoliberalismo.

Desde un Chile secuestrado por la corrupción descarada y la avaricia sin límites de los grandes grupos económicos, nos resultaba sumamente conmovedor visitar una tierra que sigue luchando por su derecho soberano a construir un camino propio, más justo, igualitario, auténtico y popular, sobre todo para una generación de chilenxs que sólo alcanzó a guardar en la memoria el relato de nuestros viejos y viejas sobre los míticos tiempos upelientos. Esta sensación daba a nuestro recorrido un tenor especial, aun cuando lo orientaba una misión muy concreta: llevar una copia de nuestro trabajo al Higuerote natal de Luisín Landáez, como devolviéndolo a uno de sus primeros y más entrañables orígenes.

Nuestra primera parada fue al norte de la ciudad industrial de Barquisimeto en el Estado de Lara, agria tierra de bellos atardeceres, bendecida como ninguna por los sones de cuerdas cuatreras, bandoleras y arperas, y por el elixir sagrado de su mítico cocuy. Gracias al contacto de nuestra amiga Ximena Malla, fuimos recibidas en El Cují por la compa Indira Rivero y toda la banda de la Radio Comunitaria Tamunangue Libre. “Echando palabra con sabor a pueblo”, como dicen por allá, pudimos compartir parte de nuestro trabajo cumbianchero, al tiempo que intercambiábamos pareceres sobre Chile, Venezuela y la América Latida.

Poco se sabía del mítico Luisín, aunque Indira nos dio las primeras luces sobre su vínculo con la música de la Billo’s Caracas Boys y de otras agrupaciones del tropical venezolano. Seguramente, quienes vivieron los años ´50 y ´60, recordarían las primeras incursiones de este  Rey cumbianchero, al son de sus primeras grabaciones.

Mochila hecha pregunta y música de Sotavento, seguimos rumbo a la capital caraqueña, esa que pariera personajes de profundo e intenso intercambio con Chile y el cono sur: Simón Bolívar, su maestro Simón Rodríguez y Andrés Bello. Protagonistas de crónicas realistas y decoloniales, fue justamente en un espacio para la formación de cronistas de la ciudad en la UNEARTE, donde pudimos conocer al maestro y poeta Antonio Trujillo, quien inscribió nuestro trabajo “en el reino de la oralidad”, y a un entrañable compañero de este viaje, José Antonio Cedeño, melómano y radiodifusor comprometido, cuya emoción con el trencito logró conmovernos como si estuviéramos en casa propia. El recuerdo de Luisín se hacía presente en las y los compañeros del taller de crónicas de la UNEARTE, como prolífero cantante tropical, especialmente por su versión en tiempo de bolero del vals peruano “Jamás Impedirás”.

Gracias al contacto de la querida cineclubista Livia Montes, nuestra tercera parada fue en el barrio de Sarría, donde nos recibió la Radio Comunitaria “Negro Primero“, otra de las tantas experiencias de radiodifusión comunitaria, legal y con apoyo estatal del proceso chavista. Carlos Lugo y Freddy Pereira fueron los anfitriones de tres jornadas de conversas sobre Luisín, la cumbia y su relación con lo político y con lo social.

A esas alturas, las comparaciones entre neoliberalismo y socialismo, cruzando miradas sobre el Chile y la Venezuela de hoy y del pasado reciente, habían transformado en hit la canción de 1971 “Elevar la producción es también revolución” del cultor porteño Gonzalo “Payo” Grondona (Lo que son las cosas, no? (DICAP 1971)). Por su parte, Freddy era el primer venezolano con quien nos cruzábamos que conocía de la historia cumbiera de Luisín en Chile, dando impulso a nuestro periplo desde la faceta de compositor del rey cumbianchero, como él mismo recordara en esta entrevista brindada al programa Tropishow del canal chileno La Red, hacia finales de los ´90.

Todo ello sucedía al tiempo que conocíamos al decimista Neguel Machado, sobrino de Luisín y oriundo, como él, de la tierra barloventeña de Higuerote, quien además de ayudarnos a organizar la presentación de nuestro libro con bombos y guitarras en la Casa Nacional de las Letras “Andrés Bello”, fue acompañando nuestro recorrido hasta sus últimos recovecos.

El día de la presentación caraqueña, diversos personajes de la vida musical y cultural de la ciudad se tomaron el Salón Rojo de Casa Bello para ser partícipes del Conversatorio “Cumbia, política y oralidad”. Logró reunirse un pequeño grupo para la galante ocasión, lo que dio excusa para que la magia de la cumbiamba comenzara a emerger al ritmo que lo hacían los recuerdos.

El maestro Antonio Trujillo abrió la rueda comentando que no pudo devorárselo como hubiera querido, pero que pudo asomarse a su contenido “académico, por el rigor que tiene, pero popular por el alma que lo habita. Un libro muy sencillo, por el respeto con el idioma, con el lenguaje, la franqueza de los músicos, y complejo en su recorrido por los tiempos históricos. Un trabajo donde la academia y lo popular se dan cita para que la vida suene, me parece a mí, un libro latinoamericano y decolonial, no eurocéntrico ni hispanófilo, que puede servir como referencia para trabajar cualquier otro género popular, porque no es la opinión de las autoras, sino toda una memoria que queda sonando”, palabras que nos llenaron de orgullo y agradecimiento, mientras provocaba a la concurrencia a pensar desde esta propuesta metodológica testimonial, el trabajo con las y los cultores venezolanos, “como hicimos con el libro Los poemas cuentan su vida, que es el trabajo que hicimos aquí en la Casa de Bello que se emparenta con el trencito, pero desde la poesía”.

Antonio Trujillo

El Maestro Antonio Trujillo. Foto: Livia Montes.

Vino luego el turno de la Colectiva, que pudo compartir parte del material elaborado en estos 6 años de trabajo, mostrando fragmentos de nuestra reconstrucción testimonial de la cumbia en Chile, compartiendo con colombianoas y venezolanoas presentes, las particularidades de su tieso pero cumbianchero estilo. Es aquí que cobraba mayor sentido la presentación del trabajo, el punto de vista de la oralidad y la figura pionera de Luisín Landáez, su vinculación con la Unidad Popular y los muchos silencios que aún existen sobre su trayectoria musical. La presentación del trabajo en Colectiva fue dando paso así a nuevos trazos de memoria en el recuerdo…

Seguidamente, el radiodifusor e investigador Humberto Márquez recordó, entre sueño y vigilia, la figura de Luisín como gran bolerista venezolano, al que perdió la pista por muchos años. Comentó que los géneros populares y sus migraciones, como el viaje de la contradanza en el Caribe, también se encuentran desde Colombia, con el porro la cumbia y el mapalé, en un trabajo que “mezcla historia y sociología, pero con música, que es una tendencia muy interesante”.

Neguel Machado siguió la rueda, con un testimonio familiar en el que relató: “Luisín era un tipo que se las traía, como toda esa camada Landáez, que son todos mis tíos, porque quiero que sepan que esa familia es Landáez, San, Madera y Véliz. Todos hermanos paternos que se distribuyen en esos cuatro apellidos. En la Fundación de Barlovento, tuve la fortuna de conocer por lo menos a catorce de ellos. Cuando muere mi padre Julián Landáez, pude conocer a otros Landáez, porque están regados por todo el país. Uno desde muchacho tenía la figura del tío Luisín que aparecía en la televisión, y quedó sonando el bolero “Tu me podrás negar” [en referencia a “Jamás Impedirás”], en la bodega de Santiago, mejor conocido por todos nosotros como “Plutaco”, allá en la Fundación, en el caserío de la Fundación. No tengo el apellido Landáez, pero tengo el vínculo familiar con Luisín. Y de hecho tengo el vínculo con parte de su familia en Chile, con la madre de Camaleón y con Elena, otra de sus hijas. Luisín es todo un ícono de nuestra familia”.

También tuvimos el privilegio de contar con el emocionado testimonio del radiodifusor y sindicalista Eleazar Marrero, invitado por nuestro amigo José Antonio Cedeño al evento y gran amigo de Luisín en vida. “Yo lo conocí el año 1954, en el desaparecido barrio Tiro al Blanco, lo que conocemos hoy como Pinto Salinas y Simón Rodríguez. Era la época en la que nos reuníamos los muchachos para participar en esas agrupaciones donde estaba lo que llamaban la marímbula, que hacía las veces de contrabajo. También recuerdo vagamente a Luisín cuando participaba en Caracas Radio, en el espacio “Sonrisas Colgate” donde participaba la orquesta del maestro Luis Alfonso Larraín, acompañado en tarima de “Rafa” Robles. Precisamente me contaba Luisín que había entrado a la orquesta a la salida de “Tony” Camargo, el galán de la época, quien por cierto cumplió 90 años este pasado enero. Por ese entonces, Luisín tuvo la particularidad de destacarse por aquel tema conocido como “Te caigo a tiros”. Él mismo contaba que originalmente ese tema era para Manolo Monterrey, pero que el maestro Billo no quiso pues que lo grabara, aun cuando era de su autoría, así es que terminó grabándolo Luisín, que como se dice, la pegó de la pared, porque aquello fue un exitazo. Una guaracha violentamente, que había que bailarla en un ladrillito, porque tenía una velocidad incalculable”.

Emocionado, don Eleazar continuó su relato señalando aspectos de la militancia sindicalista del cultor: “después de incursionar en Chile, Luisín nos visitó varias veces, convirtiéndose en el Secretario General de la Sección de Cantantes del Sindicato de Radio y Televisión, y estuvo en el aniversario 50 del maestro Billo en el Caracas Hilton, dejando para la posteridad los temas “Los cadetes” y “El disco rayado”. Eso fue en el año 1987 y quedó un disco LP como testimonio de esa presentación, donde participó Miguel Briceño, también “Salita” Arceo, Víctor Pérez y Manolo Monterrey. Posteriormente regresó a Chile, por cierto, por ahí tengo el recuerdo de una tarjeta navideña que me envió. Por eso, siempre estará en mi recuerdo la figura de Luisín Landáez, un gran aportante a la música tropical, y cuya huella quedará imborrable”.

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Archivo: Eleazar Marrero.

Fue entonces el turno del periodista Sid Marrero, quien señaló: “Me siento acá celebrando una fiesta, 85 años del nacimiento de Luis Felipe Landáez Requena. Lo mío es un recuerdo. Y yo recuerdo a mi papá escuchando a Luisín y hablando de él casi como un pariente, como un primo, allá se dice “ese es un primo”. Años después, viene a Caracas mi papá, y me dice “vamos a visitar a una persona”, y se va hacia San Agustín. Y se va a un aserradero que queda por ahí y se puso a esperar, cuando, bueno, apareció el personaje. Y siempre lo recuerdo porque lo veíamos en la televisión de la casa de mi madre, en el programa el Show de las Doce de Héctor Monteverde”. Así, emocionado por el espacio del recuerdo tropical y de etiqueta, Marrero realiza una ofrenda a la concurrencia con una humita negra, como la de aquellos glamorosos años dorados, y un caluroso aplauso en memoria de Luisín Landáez y del legado de la negritud en Chile.

También nos acompañó el decimista, director del Centro de Formación Cultural de Catia y radiodifusor comunitario, Alexander, quien comentó cómo “desde que me invitó mi hermano Neguel, me transporté a mi infancia, porque mi papá era músico, tocaba el trombón, y en casa no había semana en la que no escucháramos a Luisín Landáez. Con mi hermano Goyo siempre cantábamos este tema que fue el más emblemático “Jamás impedirás”. Por eso traigo este recuerdo y también un saludo de la radio comunitaria de Catia, donde a partir de la invitación a este Conversatorio, conversamos bastante esta semana sobre la figura de Luisín”.

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Archivo hemerográfico de don Eleazar Marrero.

Por su parte, el novelista y profesor de literatura Julián Márquez recordó las exitosas apariciones de Luisín Landáez en la televisión venezolana, junto a Ramón Márquez Villa, otro venezolano que marcó la llegada de la cumbia a Chile. Ambos destacados por su notable despliegue escénico. Sin embargo, para nuestra impresión, el recuerdo más entrañable que nos legó este breve y sentido testimonio fue su referencia literaria a Luisín Landáez: “Curiosamente leyendo una novela de un escritor chileno, Antonio Skármeta, aparece un grupo de personajes que están en un bar, cuando uno de ellos se levanta y va a la rockola, y dice precisamente que va a poner una canción de Luisín Landáez. Esa referencia en esa novela de Antonio Skármeta cuyo título es “Soñé que la nieve ardía”, tomado de un verso de Pablo Neruda, me llamó mucho la atención. Y posteriormente descubrí que Luisín Landáez estaba residenciado hace mucho tiempo en Chile. Y me agrado mucho saber que estaba referenciado en la literatura chilena”.

Jesús Mijares cerró una muy particular jornada, en la que si bien no hubo cumbia en vivo, pudo contar con su hermosa guitarra en homenaje al “Gracias a la vida” de nuestra Viola Chilensis.

 

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Cerrando la jornada. De izquierda a derecha: Livia Montes, Freddy Pereira, Nelson Chávez, Lorena Ardito, Sid Marrero, Norma Gutiérrez, Julián Márquez, Jesús Mijares, Neguel Machado y Meylin Chung. Archivo: Casa de Bello.

 

Próxima estación: Colectivo Musical de Venezuela 

Nutridas por las experiencias caraqueñas, nos preparamos para cerrar el recorrido del trencito por la capital venezolana junto al amigo José Antonio Cedeño del Colectivo Musical de Venezuela, un proyecto hemerográfico y radial que mantiene vivo el recuerdo de los años dorados de la música del Caribe.

En esta parada, pudimos conocer aspectos sorprendentes de la biografía musical de Luisín Landáez, y con ella, de la música tropical en Chile, como por ejemplo, que el peculiar sonido del disco El Cheverísimo Luisín (RCA 1975), se debe a un dueto estelar de arreglistas y productores musicales: los maestros Valentín Trujillo y Daniel Lencina, uruguayo nacionalizado chileno, reconocido ampliamente por su aporte al desarrollo del jazz local, más no necesariamente por sus contribuciones en la música tropical.

Este y otros aspectos del diálogo de Colectivo a Colectiva fueron presentados en el Taller de Cronistas de Casa Bello y la UNEARTE, así como también, en Radio Nacional de Venezuela RNV Clásica, donde pudimos participar de un extenso homenaje a Luisín Landáez, cuyo audio ya estaremos compartiendo con nuestrxs lectorxs tiesxs y cumbiancherxs.

 

Higuerote y nuestra última parada

Pero el recorrido aún tenía una última parada, que era a la vez como si fuese la primera. Gracias al contacto de Neguel Machado, nuestro anfitrión en Higuerote fue Noe Laya, melómano, radiodifusor y orgulloso activista afrodescendiente, quien fue guiando nuestro recorrido desde radio Musicable Higuerote 106.3 FM y canal 32 de Cable Tartak “La radio que se ve”, casa sonora en la que él mismo se formara. Acá pudimos conocer al profesor y melómano Manuel Felipe Acosta, quien nos realizó una sabrosa entrevista, entusiasmado de sumarse al recorrido sudamericano de nuestro trencito.

Fue en estos diálogos que resolvimos dejar nuestra donación en la Biblioteca del Centro de Estudios Culturales Africanos (CECA), de la Universidad Politécnica Territorial de Barlovento “Argelia Laya” (UPTBAL), donde pudimos compartir con algunoas estudiantes de Posgrado, el contenido de nuestra investigación su propuesta metodológica, para hacer de público conocimiento la donación que llevábamos emocionadas.

Como volviendo al origen, escuchamos historias sobre Luisín Landáez y nos sorprendimos de constatar que es en Caracas, mucho más que en su natal Higuerote, donde se lo recuerda como uno de los grandes cultores del tropical. No obstante, también agradecimos el privilegio de estar en tierra barloventeña, tierra de sabor y de tambores, que lucha por los procesos de reivindicación afrodescendiente, como en Chile se hace desde Arica y Azapa por el derecho a ser incluidos en el Censo Nacional de Población 2017, buscando que la UPTBAL sea declarada como la Primera Universidad Afrodescendiente Venezolana.

Y claro, nuestro periplo no podía terminar sin visitar en vísperas de la Parranda de San Juan, el mítico territorio de Curiepe, uno de los rincones nuestroamericanos que nos recuerda inevitablemente esa tercera raíz anclada en la “Mama África”, donde también nos encontraron sabrosos e interesantes encuentros históricos y patrimoniales con los historiadores locales Adrián Monasterios y Rafael Sanz.

A Noe, Manuel, Adrián, Rafael, José Luis Landáez, Elías Yabur, Teresa Ruglio, Ana Cecilia Santiago, Yolanda González, Carmen Díaz, Carlos Aruelo, Yohana Ponce y Omar Martínez, nuestro agradecimiento por compartir tan gratos espacios de diálogo, difusión e intercambio sobre esas otras formas de valorar nuestras culturas y construir conocimiento.

Higuerote

El trencito en Higuerote: Musicable y el CECA.

¡Que siga la cuuuuuuuuuuuumbia!